lunes, 8 de junio de 2009

LA CREACIÓN


Manos delicadas de alfarero ambicioso de crear un ser perfecto que lo acompañara. Expectativas elevadas del creador hormiga frente a un universo que llamó a la creación inconclusa que estuvo ansiosa de conocer tiempos nuevos, explorar lejos del creador iluso que enfrentó al tiempo, su enemigo. Cronológicamente no lo acompañó para que su fruto de barro lo envolviera eternamente con la frescura de su precocidad rebelde, curiosa… tal como a su alfarero le gustaba que fuera.
Pero se fue antes de tiempo y el creador tan sensible como poco inteligente, se quedó con las manos vacías, abiertas a su regreso… sucias de amor.
La tierra invadió sus líneas y señaló un destino revelador de ausencias de obras inconclusas.
Ingenuo alfarero, ¿qué pretendiste hacer? ¿En busca de qué pusiste las manos y el espíritu a trabajar? ¿Para dar forma a qué? ¿A quién? ¿Maestro de qué aprendiz? ¿Empezaste por el corazón o la cabeza a modelar?
Comprende, alfarero, grano de arena, que el barro no es tu materia prima. Tu materia primera es la tinta, ¡no te equivoques! ¡No te equivoques, maestro de mentes necias o reticentes a tus enseñanzas! ¡No te equivoques! Con la tinta sólo bosquejas… nunca construyes obras maestras. Con la tinta nunca revelas.
Alfarero ingenuo que te creíste Dios. Es Él que crea y recrea manejando tu destino, es Él que sueña, te sueña. Y en su sueño no cabe la posibilidad de que vos, alfarero de buena fe, seas el que dé forma a tu compañero.
Te equivocaste, aunque sé que lo volverías a hacer.
Te equivocaste y te quedaste con las manos extendidas…
Con las manos sucias de amor…
Con las manos extendidas…

Pero vacías, ingenuo alfarero de buena fe.

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