martes, 5 de agosto de 2008

Llueve en Santiago


Llueve esta noche en Santiago… y una voz lejana me dice:

¡Agarrá el paraguas, entonces! ¡Fuera esa lluvia! ¡Es agua de ayer! ¡Y el agua de ayer corre! ¡Que no se estanque! Santiago es un lugar para Ismael. Que lo sea también para vos. ¡Guardá ahí los buenos momentos, besá ese suelo y decidí la partida! Aunque duela, es mejor no mirar atrás. Llora la lluvia. ¡Pero espera el sol! Ya sale el arco iris y hay un manojo de flores cayendo del cielo.

Y en el diálogo literario la historia sigue en la lágrima que queda en el piso de Santiago dejando una huella de amor no tan líquido… que fue en un ayer de tiempos húmedos y cálidos.
Un cadáver exquisito es hijo de aquellos momentos idos prófugos del tiempo, de los ojos acusadores de aquellos que no se dieron el permiso de vivir el amor tal como es.
Refugiado en un rincón de la casa - caja que nos resguardaba de todo ese aire tóxico para los amantes sin razones, ni rótulos.
Pero las flores se marchitan una vez cortadas y fue el momento de un adiós de a dos. Y llovió en mi suelo. Atmósfera densa en el interior quebrado. Flores débiles de un papel plateado con base de amor y una guitarra con cuerpo de mujer es la que se llevó, preñada de un alma que no supo quedarse en su dueña.
Y ahí quedó, en su guitarra, por siempre entre sus brazos, compañera de sus canciones.
¡¿Dónde andarán los tres?! Amor, guitarra y alma. ¡Se las extraña en esta noche!
Llueve en la noche de Santiago y es ficción lo que escribo. Porque no llueve en Santiago ni las almas viajan en guitarras, pero los amores se van. Así que es verosímil esta historia grabada en la piel.

Tatuajes que se graban en las pieles sensibles. El espacio es amplio y se trata de un traje que vestimos a diario y que no sale con un tirón, ni con agua… solo con sangre y la sangre duele, como esta noche donde llueve en Santiago.

Semiosis ilimitada de amor, de amores, flores nuevas en tierras nuevas. La lluvia cesa y la tierra, húmeda aprovecha la calidez de aquel amor ido para cultivar nuevamente besos, caricias y risas. El suelo está listo, se espera entonces al jardinero que cuide de ellas pero sin arrancarlas ni inventarlas de papel sino amarlas de verdad, tal como son en su medio. Se cierra el paraguas porque la lluvia cesó, aunque duele besar el suelo de Santiago y emprender el camino incierto de un arco iris por salir…


NOELIA
12/05/08

No jures por ella...

 

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