jueves, 5 de junio de 2008

NOS REÍMOS BUENAMENTE

Saludo a Lacan y vuelvo…
Estoy dispersa y me resulta cuesta arriba mantener la mirada, o más específicamente, la mente fija; atendiendo a un aspecto de la realidad que intento experimentar.
“Leer con la vista alzada” es lo que estoy haciendo, sin embargo, esa vista divaga en territorios ajenos a las letras que se presentan a las pupilas que sufren una encrucijada muy definida: ir hacia donde deberían o ir hacia donde el espíritu las reclama.
Esta última opción la supera en valor. Es afrodisíaca… irresistible.
Ojalá, ojalá no te toquen… ni en canciones.
Un paisaje que me hace el amor, según palabras de otros… lo sensitivo supera los límites de los dueños. Pienso en él… y siento caricias… surcos de terciopelo en mi ser.
Un pájaro le hace honor al sol que en estos días está rebelde a nuestras súplicas. Barrotes de agua nos impiden su tibieza.
Libros que caen provocando estruendosos desordenes en mí.
Una risa que supera el sobresalto, me invade.
Primera persona… no es de superiores en lo universal, es de comunes exploradores de pequeños mundos que esconden más de un universo.
Recuerdo a un amigo… al que deseo pedirle un libro. Lo pienso y desisto para comenzar a escribir yo.
Miles de paisajes volverán a sus sitios y declararán que han viajado por un hombre… Es lo que me llevo y llevo conmigo mientras mi existencia aquí sea tangible.
Cenizas de un amor que no fue.
Si esto no es leer con la vista alzada, es escribir con la mirada curiosa e inquieta de la plurivalencia…
Es escribir riéndome con la libertad.

NOELIA 30/01/08

miércoles, 4 de junio de 2008

RAMA HAMACA DE UNA HADA

Son las once y el olor de comida quemada no me obliga a levantarme con el objetivo de apagar el fuego que reseca el alimento.
Siempre me pasa, es común que se quemen mis carnes en ollas acostumbradas a escucharme rezongar cuando las limpio de vez en cuando.
Son las once y una lejana melodía se presenta a mis oídos mientras mi mente piensa en un mañana de sol nuevo, necesario a mis pulmones deseosos de respirar nuevos aires.
Son las once, aunque no soy específica porque ya los segundos pasaron silenciosos y déspotas. Tiempo que corres imperceptible, silencioso y traicionero. ¿Por qué no puedo amigarme contigo? Tiempo que te esfumas y eres el culpable de que la comida se me queme, eres el culpable de ausencias que lastiman, eres el culpable de una soledad con la que tampoco tengo amistad.
Tiempo, perdón. Sé que no eres el verdadero responsable de mis dolores, pero a alguien tengo que adjudicar todo este aire que se escapa por ventanas opacas y que me asfixia igual que el olor de la comida quemada en mi olla cuando ya son las once y diez. Once tampoco es la hora sino veintitrés de una noche que va agonizando en un primero de abril que, por lo visto, se ha convertido en una especie de musa inspiradora de un trazo que hasta hoy, primero de abril que te vas, estaba invisible en las hojas de papel.
Hada me gustaría ser para sentarme en la rama que observo en un árbol verde y fresco en las madrugadas de mi balcón. Un hada, ¿un nada? Bello juego de palabras que me hacen pensar que a veces soy una nada que se sublima en noches de velas tenues y aromas de jazmines que agotan mis sentidos hartos de sentir que soy una, incompleta.
Me pregunto, también en esta noche de comida quemada y malditos tiempos de ausencias que se esfumaron hace días, meses, años… depende desde cuándo me pongo a contar, por qué mi escritura duele tanto en sus palabras. No me gusta, pero a la vez me convence con sus argumentos definitorios de verdades que ansío hallar luego de releer mi lenguaje que pretende ser parte de la liter- altura como me gusta denominar al arte, mi arte. Que, si bien no es tan alto, me lleva arriba.
Quisiera a veces, cuando me siento a observar la madrugada, ser una hada reposada en una rama – hamaca que huele a hierba fresca y no a comida quemada de un nada que se siente hondo…

SIMETRÍA


Despertar con el puño cerrado… ¿aferrado a qué?... ¿peleando contra quién?
Despertar con ganas de pegar el grito metamorfoseado en algo peor que el castigo de Eco…
Puntas de cristal helado duelen en el cuerpo.
Lucha de mandíbulas en el espacio de mi cama… desierta…
“Marcar la piel del agua”, misión que me propongo cada día, sin embargo… el pero que frustra la tarea.
La espada y la pared. Es reducido el espacio y allí estoy yo.
Rostro (y rastro dice mi inconsciente rebelde que se impone a mi escritura) terrible… azotado por la angustia que me mira cada mañana… mi yo enmarcado…
Mi cuerpo desnudo delatando una piel sensible que se endurece en fuertes raíces de madera, extremidades enterradas en un medio que me asfixia, pero que no se ve… queda afuera del marco o es el marco. El rostro sabe la respuesta, la mirada también.
Ahí estoy yo y no en mi cama. Entonces soy yo la que me mira…
Ahí estoy… suspendida de un clavo que atraviesa mi espalda y por el poder de la alquimia se transforma en el hierro que une las tablas de la madera donde mi brazo, el derecho, se acoda…
Aunque es el izquierdo el que tiene el poder que impera con dolor y domina mi cuerpo. No es él el que sostiene mi rostro de rasgos delicados empañados por una mirada melancólica, ausente.
Amorfas formas que se forman, se autoforman, se transforman, buscando la última forma que no aparece… causa que se pierde en el intento de marcar la piel…
Todo ya está escrito.


Noelia
04/12/07

No jures por ella...

 

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